Mi trovador callado, cansado del camino
que ablando su figura y ceso su trinar,
su arpegio melodioso con sonrisas y llantos
sembrando las delicias de armonias sin igual.
Hoy se esconde en las sombras oscuras del camino
un triste peregrino que dejo de sonar.
Me invade la nostalgia, al mirar el presente
de aquel que a tanta gente alegro su cantar.
La tristeza lo ciega, ya no hay versos ni cantos
y es que ni su guitarra lo quiere acompanar.
Temblorosas sus manos ahora tambien se niegan
y al verlo desvalido, sentado en su desvan
ya no quieren moverse y buscan el olvido
para quen su guitarra ya no vuelva a sonar.
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